A la mayor brevedad

Cada vez que ante mis ojos se cruza el sintagma que da título a este texto me irrito por partida triple.

Primero, por el error gramatical que supone, ya que en realidad debería escribirse “con la mayor brevedad”. Lo correcto es utilizar la preposición ‘con’ ya que ésta expresa las circunstancias con que se hace algo, en lugar de la preposición universal ‘a’.

Segundo, por la contradicción implícita que conlleva (cual  hamburguesa vegetal), ya que se utiliza cuando se quiere indicar que algo debe hacerse lo antes posible, y en puridad la expresión no manifiesta el plazo de tiempo mínimo, sino que dentro de un rango opta por el mayor de ellos. Me explicaré: brevedad, aplicado a la magnitud tiempo, quiere decir corta duración, por lo tanto, al decir “la mayor brevedad” lo que se hace es optar de entre todos los posibles períodos de corta duración por aquel que es el más largo de todos. O sea, que si se busca el período de tiempo más breve habría que decir “con la menor brevedad”.

Tercero, por su manifiesta indefinición e inexactitud, porque qué quiere decir que hay que hacer algo con la menor brevedad: ¿significa que tengo que dejarlo todo y hacerlo de inmediato?, ¿ o quizá puedo hacerlo cuando termine lo que ahora me ocupa?, ¿el asunto podrá esperar hasta después de comer?, ¿mejor mañana por la mañana?, ¿o puede que cuando tenga un ratito?… ¿Por qué, si se está hablando de algo urgente y por lo tanto importante, no se es un poco más preciso?

Por eso, cuando fui a solicitar el título de familia numerosa le pregunté a la funcionaria a la que entregué mis papeles cuándo estaría listo mi documento, y ella me contestó que “a la mayor brevedad”. Aguantándome la irritación que la expresión me produce, pregunté de nuevo:

—Ya, pero eso cuándo será, ¿podría ser más precisa?—.

—Pues a la mayor brevedad— contestó de nuevo la señorita.

—Sí, pero cuándo—, insistí.

—Le he dicho que a la mayor brevedad— respondió con mal gesto.

—Ya, pero ¿podría usted indicarme un orden de magnitud?, ¿hablamos de días, de semanas de meses…?— inquirí tratando de obtener un poco más de información.

Con evidentes signos de indignación me contestó:

—Por cuarta vez le digo que estará listo a la mayor brevedad—.

Y cuando me disponía a preguntar de nuevo me acordé de Bartleby, el escribiente, y decidí marcharme sin atreverme a insistir más, no fuera a ser que me contestara como el protagonista del magnífico relato de Melville: “Preferiría no hacerlo”.

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