Adoptar es recibir un hijo, y no un perro

“Adoptar un hijo” es una expresión redundante, ya que según el diccionario de la RAE, la primera acepción del verbo adoptar es “Recibir como hijo, con los requisitos y solemnidades que establecen las leyes, al que no lo es naturalmente”.

Otros significados de este lexema son los siguientes: (2) Recibir, haciéndolos propios, pareceres, métodos, doctrinas, ideologías, modas, etc., que han sido creados por otras personas o comunidades, (3) Tomar resoluciones o acuerdos con previo examen o deliberación, y (4) Adquirir, recibir una configuración determinada.

Ninguna de estas cuatro acepciones se refiere a perros, mascotas, ni a cualquier otro animal doméstico, de granja, ni salvaje. Sin embargo, esta palabra se utiliza mucho en el ámbito de los animales en general, y de los  domésticos en particular, así es usual oír expresiones como “adoptar un perro”, lo cual es una burrada semántica, ya que si bien es posible que muchas personas amen a sus animales como si fueran su propia familia, no es posible otorgarle los requisitos y solemnidades que establecen las leyes para los hijos.

El problema que subyace bajo este mal uso de la palabra “adoptar” es muy delicado y va mucho más allá que la mera confusión. Al buscar en Internet la palabra “adopción” -o cualquiera otra derivada de ésta-, aparecen ocurrencias relacionadas con la adopción de niños entremezcladas con otras sobre la adopción de animales. Y esto, en mi opinión, puede ser bastante grave:

Imaginad que un niño adoptado, que conoce sus especiales circunstancias en su origen, decide buscar en Internet acerca de la adopción y en la pantalla le aparece una relación de páginas que hablan de tan maravillosa forma de crear o ampliar una familia entremezcladas con otras páginas que hablan de la adopción de perritos o gatitos abandonados. También pueden encontar webs de instituciones y organismos dedicados a la adopción en la misma lista que las webs de las perreras, tiendas de animales, asociaciones protectoras de animales…. Asimismo el niño podrá ver sitios webs que dan consejos sobre cómo abordar problemas de los hijos adoptados confusamente mezclados con otros sitios dedicados a dar consejos sobre cómo cuidar a los animales… Igualmente aparecerán noticias sobre maltrato animal. Fotos de bebés que se alternan con fotos de cachorros. Etc.

No sólo en Internet, en el lenguaje cotidiano es fácil oir a a personas decir que han adoptado un perro o un gato, cuando no una iguana o cualquier otro animal mamífero, ave o reptil.

Esta intrincada y equívoca mezcla de adopción de niños y de animales, puede ser insalubre para la salud mental de los hijos adoptados, sobre todo en esa fase de su vida en la que muchos se preguntan tantas cosas sobre su origen y el motivo de su entrega (prefiero evitar la palabra “abandono”) y que a veces les provoca problemas emocionales y de comportamiento.

Porque adoptar es recibir un hijo, y no un perro.

¿Sería posible poner orden en el uso de esta palabra?

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