Asumo la responsabilidad

“Estamos dispuestos a asumir la responsabilidad”, afirman a bombo y platillo entre vítores muchos políticos cuando sus partidos son bendecidos por los votos de los ciudadanos. Pero a qué vienen esas declaraciones, ¿acaso no es su obligación asumir las responsabilidades que conllevan sus cargos? ¿Es que todos en nuestro trabajo no tenemos que asumir nuestras responsabilidades sin tener que magnificar tal obligación? Si un político, del signo que sea, pretende no asumir sus responsabilidades no deberían permitirle en su partido presentarse a las elecciones porque en ese caso estaría mintiendo a los votantes.

Y es que no es necesario que los políticos expresen la asunción de responsabilidades cuando acceden a un cargo, porque eso va implícito en la toma de posesión del mismo, de la misma forma que cualquier trabajador asume las responsabilidades laborales que contrae al firmar un contrato de trabajo. ¿Es que un albañil —pongamos por caso— no es responsable de realizar bien su trabajo, y no por eso lo manifiesta grandilocuentemente desde una tribuna?

Creo que ha quedado claro que los políticos no deben asumir la responsabilidad como si de un acto de gracia para con el pueblo se tratara, ya que es su obligación desde el momento en que son elegidos. Asumido esto, deberíamos dirigir nuestros esfuerzos a exigir se depuren a aquellos partidos y políticos que no han sido capaces de cumplir con sus obligaciones contraídas. De la misma forma que cualquier trabajador puede ser despedido procedentemente por no cumplir con su trabajo de manera responsable.

Pero antes quizá debemos aclarar lo que significa “asumir la responsabilidad”: Cuando se accede al cargo político, a la persona se le confieren funciones, se le asigna autoridad y se le exige responsabilidad por lo que ocurra durante su mandato, todo a la vez. Por lo tanto, un político “asume la responsabilidad” en el momento en que es nombrado para el cargo que desempeña, sin que tenga que cantarlo a los cuatro vientos.

Por eso, cuando el político comete una falta, no tiene que “asumir la responsabilidad” por ello en ese momento (porque ya la asumió) sino ser amonestado, castigado, destituido o expulsado del partido, según el caso. Y cuando la falta es grave, el político no tiene que “asumir la responsabilidad” por ello (porque ya la asumió) sino que tiene el deber moral de presentar, él mismo, su dimisión con carácter irrevocable (si es que antes no ha sido fulminantemente destituido, por inútil, deshonesto o simplemente por sinvergüenza).

Es tan fácil “asumir la responsabilidad” cuando se sabe que no van a haber consecuencias que a veces unos pretenden asumir la responsabilidad de otros, y lo hacen con tranquilidad pasmosa, sin caer en la cuenta de que las responsabilidades no pueden delegarse. Si las responsabilidades se pudieran delegar, la culpa de tantos errores cometidos en el contexto de esta maldita crisis la tendría, seguramente, el ordenanza de Las Cortes Generales.

Es necesario exigir que se depuren a quienes no responden ante las responsabilidades asumidas, y no me refiero a unas simples disculpas y la aseveración de que “asume su responsabilidad” y ya está todo resuelto. Pareciera que para ponerle tierra a un asunto molesto, lo mejor es declararse responsable, asumir que hubo una equivocación y todos felices. El problema se acaba y vamos en busca de otro asunto. Pero no se trata de eso. Asumir significa hacerse cargo de algo, tomar para sí.

Pero es muy fácil “distraer” las responsabilidades en el ámbito de la política porque la existencia de órganos colegiados (plenos, comisiones de gobiernos, comités de todo tipo.) hace que las responsabilidades se diluyan al no existir una cabeza visible sobre la que hacer que recaigan las culpas. Cuando, pongamos por caso, el pleno de un Ayuntamiento decide acometer un proyecto del tipo que sea y este se convierte en un fiasco ¿quién es el auténtico responsable del desaguisado?, ¿quién paga las consecuencias del error cometido?

No obstante hay ocasiones en las que sí es posible encontrar al auténtico culpable, y cuando no tiene escapatoria incluso puede que éste “asuma sus responsabilidades” con toda tranquilidad, porque como dije antes, en el fondo “aquí no pasa nada”.

Así que, mientras no exijamos la puesta en práctica de lo que realmente significa “asumir la responsabilidad” los que gobiernan seguirán haciendo de su capa un sayo al manifestar invariablemente de manera grandilocuente que “asumen su responsabilidad” cada vez que cometan una falta, por gravísima que sea.

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