La hoja de ruta, una herramienta para la demagogia

Las hojas de ruta son un importante instrumento para la planificación y por eso es utilizado en muchos ámbitos: comercial, industrial, directivo… Se trata, simplemente, de un documento en el que se especifican, como mínimo, las instrucciones y/o pasos a seguir para lograr un objetivo.

Así, una hoja de ruta de un profesional comercial tiene como objeto mantener el contacto con los clientes y para ello recoge las rutas para visitarlos, la periodicidad de las visitas y cualquiera otra información que necesite para lograr sus objetivos de ventas.

Una hoja de ruta de un proceso de producción contiene una síntesis del proceso, las operaciones que hay que realizar sobre diversos productos hasta convertirlos en otros, los hitos principales del proceso, los responsables de cada operación… asimismo incluye principios orientadores y pautas de implementación, todo de manera ordenada y concreta.

A través de estos ejemplos se demuestra que la hoja de ruta es una importante herramienta que, bien utilizada, puede convertirse en elemento fundamental para la consecución de cualquier objetivo, ya que recoge qué hay que hacer, quién debe hacerlo y cuándo tiene que hacerse (incluso el por qué).

Sencillo y útil a la vez, al menos hasta que los políticos se han adueñado del término.

Parece ser que la primera vez que se utilizó esta expresión en el ámbito de la política fue en 2003, aplicándolo al plan de paz entre Israel y Palestina para poner fin a los conflictos territoriales en la Franja de Gaza y Cisjordania y que fue promovido por la ONU, EEUU, Rusia y la Unión Europea (y en este objetivo no se ha avanzado mucho que digamos). A partir de entonces la expresión hoja de ruta se utiliza cada día más en el mundo de la política. Rajoy menciona frecuentemente la hoja de ruta, Rubalcaba también la tiene… y así muchos otros relevantes políticos parece que utilizan esta técnica para organizar su trabajo y alcanzar sus objetivos, entre los que debería encontrarse prioritariamente sacar a España de la crisis. Y como ocurre con todo lo que tocan los políticos, las hojas de rutas están perdiendo su credibilidad

Los políticos tienen hoja de ruta, pero parece que de nada sirven porque el tiempo pasa y los objetivos de crecimiento no se cumplen, el paro no baja, la economía sigue cayendo… ¿Será que están mal diseñadas estas hojas de ruta?, ¿será que los objetivos no están claros? o quizá será, simplemente, que no existan estas hojas, porque como dije más arriba, una hoja de ruta es un documento y no conozco a nadie que haya visto jamás la hoja de ruta de un político.

Para que una hoja de ruta tenga sentido es necesario que se cumplan dos condiciones: primero, que el objetivo a alcanzar esté claro, porque si no sabemos a dónde queremos llegar no es posible diseñarla; y segundo, que los pasos a seguir hacia el objetivo sean claros y concretos. Y ninguna de estas dos cosas caracteriza el trabajo de los políticos. Porque la política es tan confusa y enrevesada que no puede plasmarse en un documento lógico y metódico como son las hojas de ruta.

¿Entonces por qué la usan tanto?, pues porque cuando hablan de sus hojas de ruta nos hacen creer a los ciudadanos que ellos sí saben qué hacer, que lo tienen todo organizado y planificado, que todo está bajo control… cuando en realidad sucede todo lo contrario. O dicho de otra manera: han convertido la hoja de ruta en un instrumento para la demagogia.

 

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