Las isoflavonas del triglibacilus activo con oxígeno Q10 y pH negativo

¿Alguien sabe qué es la coenzima Q10 y para qué sirve?, ¿el bioalcohol se puede beber o sirve para limpiar? ¿los bifidus son bichitos u otras cosas diminutas?, ¿qué tiene el oxígeno activo que no tenga el normal?, ¿puede verse el omega 3?, ¿el pH neutro duele?, el lactobacillus casei imunitass, los triglicéridos, las isoflavonas… ¿Alguien puede explicarme algo de todo esta palabrería pseudocientífica?

Yo no tengo ni idea, pero seguro que hay personas que saben lo que son estos trabalenguas que a mi me confunden cual galimatías. Los licenciados en química, los ingenieros químicos, los biólogos… y algunas otras personas con amplios conocimientos de esa compleja disciplina que es la química, seguro que ellos saben lo que son. Bueno, eso suponiendo que estos palabros se refieran a conceptos reales y no a lexemas inventados con aviesas intenciones y con semántica vacía o confusa, porque, por ejemplo, según mis pequeñísimos conocimientos de química, el alcohol ya es “bío” por sí mismo puesto que se trata de un compuesto químico orgánico y, por tanto, al anteponerle el prefijo “bio” se le convierte en una redundancia.

Pero a pesar de su complejidad estamos familiarizados con ellas porque son expresiones que aparecen frecuentemente en la publicidad. Pero no en la publicidad especializada, sino en la que se dirige a la mayor parte de las personas. Se utilizan en anuncions de cosmética, alimentación y limpieza, principalmente.

¿Por qué los anunciantes utilizan conceptos tan complejos, cuya comprensión supera a la de los simples mortales y está reservado a personas muy preparadas¿, ¿por qué lo dirigen a personas que difícilmente comprenderán el significado que encierran esos arcanos? Pues no lo sé, pero supongo que será una estrategia comercial de éxito puesto que desde hace años se utiliza en muchos anuncios.

Y sin embargo en este tipo de publicidad hay algo que me huele mal. Repasemos la normativa en materia publicitaria.

Según las leyes sobre la publicidad, para que ésta sea lícita, debe cumplir una serie de requisitos, entre ellos que no sea engañosa, entendiendo como tal la que induce o pueda inducir a error a sus destinatarios. ¿Acaso no se induce a error hablando en términos científicos a quienes no lo son? Sólo podemos sentirnos no engañados cuando entendemos de lo que se nos está hablando. ¿Acaso no es una forma de engañarnos, de tomarnos el pelo, exponer una lista de tecnicismos que no comprendemos pero que de alguna forma nos convence de las bondades del producto?

Otro requisito para la legalidad de la publicidad es que no sea subliminal, es decir, que no estimule ni actúe sobre el público destinatario sin ser conscientemente percibida, y esto ocurre con estos anuncios ininteligibles. No es nuestro razonamiento, sino nuestra inconsciencia la que nos hace creer que el producto es muy importante por el hecho de ir acompañados de palabras tan importantes y de difícil pronunciación. Y esto lo saben bien los publicistas.

Pero no estoy diciendo que los anunciantes omitan esta información tan extraña que seguramente es muy importante para valorar la calidad del producto (por los especialistas), sino que no lo utilicen como patraña comercial incurriendo en el fraude. ¡Qué tiempo aquellos y qué claridad la del “busque, compare y si encuentra algo mejor… ¡cómprelo!”

Y es que no deberíamos comprar aquello que no comprendemos.

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