Los expertos

Con objeto de dar veracidad, al transmitir una noticia algunos periodistas mencionan a “los expertos” recurriendo a expresiones como “los expertos dicen…”, “los expertos afirman…”, “grandes expertos aconsejan…” y otras similares. Creen que de esta manera su noticia es mucho más creíble y fiable, pero a mi me produce el efecto completamente contrario.

Porque ¿quiénes son los “expertos”?, y ¿por qué casi siempre que se mencionan no se dice quiénes son ni qué estudios, experiencias y habilidades les avalan como tales? Con mucha frecuencia los medios se refieren a estos supuestos reputados especialistas pero no los identifican y tampoco dicen qué fundamento o método epistemológico les convierte en expertos en la materia sobre la que se está informando. Hablar de expertos pero no aclarar el cómo ni el por qué lo son es otra forma de imprecisión en la información, así se logra justamente el efecto opuesto al pretendido.

Basándonos en la etimología se deduce que expertas son aquellas personas que tienen experiencia en el asunto de que se trate, es decir, que son prácticas, hábiles, conocedoras y experimentadas en relación con el ámbito o disciplina en cuestión. Conocimientos, experiencia y habilidad, son, pues, los requisitos imprescindibles para ser experto.

Ya tenemos una definición de experto y una relación de las características que deben poseer, pero aun así el término sigue siendo muy vago y ambiguo, ya que esta definición no indica el nivel de habilidad necesario, ni el tiempo de experiencia requerido, ni la cantidad de conocimientos mínimos que debe tener una persona para ser experta.  ¿Acaso es necesaria la misma experiencia y conocimientos para ser un experto en física cuántica que para serlo en prensa del corazón, en danza clásica o en bailar un yo-yo?

En cuanto al conocimiento, ¿quién acredita los conocimientos de los expertos? En algunos casos es relativamente fácil si el tema a tratar forma parte de los contenidos de algún plan de estudios reglado y el experto se formó en ellos. ¿Pero quién acredita los conocimientos de expertos en -pongamos por caso- rupturas y reconciliaciones, o en Belén Esteban? (ejemplos reales tomados de publicaciones muy conocidas).

Respecto a la experiencia, está claro que ser experto debe que conllevar una práctica prolongada, pero, ¿basta una semana de práctica para ser experto o son necesarios muchos años de experiencia?

Además, ¿es suficiente tener conocimientos y experiencia para ser experto? La respuesta es no, porque también se requiere habilidad. Se puede tener grandes y profundos conocimientos del código de circulación, llevar largos años de experiencia conduciendo un vehículo, y aun así no ser un hábil conductor y por tanto no se alcanza el nivel de experto.

Ser experto implica una gran responsabilidad porque éste debe ser una fuente confiable, alguien capaz de juzgar o decidir de forma justa, correcta, inteligente y con autoridad por sus iguales y por el público en una materia especifica. Debe ser una persona con un conocimiento amplio y aptitudes en un área particular del conocimiento. Por eso los medios no deberían referirse a ellos sin indicar de quienes se tratan e incluso de dónde emana su experiencia.

El experto debe tener otras cualidades más: debe ser sagaz, es decir, capaz de emitir juicios pertinentes; y también debe ser comunicador, o sea, apto para comunicar y participar en debates.

A estas cualidades del experto yo añadiría la humildad, porque no son pocos los que se autocalifican de expertos en las materias más dispares, y estos son de los que menos me fío. Un auténtico experto no necesita decir que lo es, porque en cuanto comienza a hablar del asunto se nota su superioridad y autoridad.

Por eso me fastidian tanto esos programas de televisión en los que sea cual sea el tema a debatir siempre aparecen los mismos tertulianos. Y tampoco me gustan esos editorialistas que saben de todo y no pierden la oportunidad de opinar sobre cualquier cosa.