Prevención de riesgos: un error garrafal

Jamás he conocido un error más extendido como el que voy a comentar en esta entrada. Se trata de un error semántico doblemente garrafal: primero porque la expresión no tiene sentido alguno, pero sobre todo por los múltiples ámbitos en que se utiliza, ya que se aplica en todos los aspectos de la seguridad: laboral, informática, ciudadana, vial, industrial, organizativa, empresarial, escolar, médica… y siempre erróneamente.

Me refiero a la expresión “prevención de riesgos”.

El error es especialmente grave porque no sólo se utiliza coloquialmente, sino que existe una importante Ley del ámbito laboral y su correspondiente reglamento cuyo título incluye literalmente el error. Por estos imperativos legales surgen empresas que utilizan la expresión para indicar los servicios que prestan. Son multitud los libros que en su título utilizan la errónea expresión. Abundan las asignaturas y los cursos de posgrado universitario que hacen de este asunto el objeto de su docencia y arrastran el susodicho error. Asimismo muchísimas empresas disponen de departamentos que denominaron con la inexacta dicción… y hay muchos más casos flagrantes de este error.

Está tan extendida la expresión que quizá algún día la RAE la convierta en una locución correcta (como ya ocurrió con el lexema murciélago, que es una palabra surgida por metátesis vulgar de la palabra murciégalo, que era la originalmente correcta), pero lo veo difícil porque habría que cambiar o ampliar el sentido de palabras con un significado muy claro y consolidado, una nueva acepción que “arreglara” el enorme desaguisado nada tendría que ver con los actuales significados.

Pero ¿dónde radica el error?, pues simplemente en que los riesgos no se pueden prevenir. Analicemos la expresión basándonos en sus dos palabras con significado léxico:

Prevenir quiere decir prever, prepararse con alguna finalidad, y en el ámbito de la seguridad el objetivo de la prevención sería evitar que se produzca algún suceso dañino, cuando no triste o fúnebre, o al menos para reducir sus perjudiciales consecuencias.

Riesgo es la probabilidad o posibilidad de que algo malo o dañino suceda. El riesgo mide la proximidad de un daño. En el ámbito de la seguridad, que es el que nos ocupa, el riesgo es un dato que nos permite conocer hasta qué punto se puede materializar una amenaza que pone en riesgo la seguridad del sistema (vial, informático, laboral…)

Considerando que se trata de un dato, ¿qué se puede hacer con el riesgo?, en primer lugar calcularlo (o al menos intentarlo con la mayor precisión posible) ya que se trata de una probabilidad cuya fórmula divide los casos favorables entre los casos posibles. Para calcularlo es necesario analizar minuciosamente la amenaza que da lugar a ese riesgo. Por ejemplo, un electricista, por mor de su profesión está bajo la amenaza de una electrocución, es decir, existe la posibilidad de que se electrocute. Si somos capaces de medir con exactitud la probabilidad de que la amenaza de electrocución se materialice, entonces conoceremos el riesgo de electrocución de esta persona.

Otra cosa que podemos hacer con el riesgo es reducirlo, y esto se logra actuando sobre la amenaza. En el ejemplo de la electrocución podemos reducir el riesgo aplicando las medidas de seguridad en materia de electricidad.

El riesgo también podemos asumirlo, es decir, si la probabilidad es muy pequeña, o si el daño que se produce cuando la amenaza se materializa es muy leve, entonces podemos asumirlo y no realizar ninguna acción sobre la amenaza ni aplicar medidas de seguridad alguna.

A veces el riesgo también se puede transferir, es decir, hacer que otro cargue con las consecuencias en el caso de que la amenaza se materialice. Y esto es justamente lo que hacemos cuando contratamos un seguro del coche.

Pero lo que no podemos hacer con el riesgo es prevenirlo ya que, considerando que el riesgo es un dato que se calcula mediante fórmulas matemáticas, afirmar tal cosa sería como decir que se puede prevenir la suma, la multiplicación, o cualquier otra operación matemática.

O sea, que lo que se puede prevenir no es el riesgo, sino las amenazas o los daños, de manera que actuando sobre la amenaza podremos aumentar o reducir el riesgo y por ende conocer los daños que se pueden producir si la amenaza se materializa. Por tanto, la errónea expresión debería ser sustituida por alguna de las siguientes propuestas: “prevención de amenazas”, “prevención de daños” o “reducción de los riesgos”. Pueden elegir.

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