Procrastinar

En un mundo tan ajetreado como el que vivimos, los métodos y técnicas para optimizar la productividad personal están de moda, así podemos encontrar Autofocus (también conocido como AF4), ZTD, GTD… entre muchos otros. En general se trata de organizar y planificar las tareas de manera que las podamos ejecutar con eficacia y sin dejar ninguna atrás.

Para que den buenos resultados es necesario ser una persona metódica y tener la virtud de la constancia, porque si no tenemos estas cualidades, muchas de las tareas y actividades que se encuentren dentro de nuestra planificación se irán aplazando inevitablemente. Y es sobre esto sobre lo que quiero hablar: la procrastinación.

Procrastinar quiere decir diferir, aplazar. Es el término que suelen utilizar los expertos en optimización de la productividad personal cuando la ejecución de una tarea o actividad prevista hay que aplazarla hasta un mejor momento. Bueno, todos no, porque una gran parte de ellos utilizan el inexistente lexema “procastinar”.

No es un error muy grave desde el punto de vista del lenguaje coloquial, ya que no es un término que se suela utilizar vulgarmente. Pero sí es un error demasiado usual en el ámbito de los especialistas en organización del trabajo.

Si hacemos una búsqueda en Internet a través del buscador Google utilizando la palabra “procrastinar”, éste responde con 142.000 resultados aproximadamente (en el momento de escribir este texto). Por el contrario, si escribimos erróneamente “procastinar”, el resultado es de 58.400. Es decir, más del 30% de las veces se escribe mal este término.

Si lo que buscamos es “procrastinación”,  las ocurrencias son 148.000, y las veces que encuentra el erróneo “procastinación” son 75.700. O sea, que más del 33% escribe mal la acción y efecto de procrastinar.

O sea, que casi la tercera parte de los profesionales que conocen o utilizan, y escriben, sobre esta disciplina, no saben escribir uno de sus términos más utilizados. Puede parecer una tontería, pero ¿alguien confiaría su salud en un médico que escribiera “melecina” en lugar de “medicina”? ¿alguien confiaría en un abogado que confundiera “justicia” con “gusticia”?

A ver si es que con tanta tarea planificada han olvidado la de aprender ortografía.

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